jueves, 11 de agosto de 2016

LA HABITACIÓN DEL MIEDO. Historia Real.


Me alejaré un poco de la temática global del blog. Hoy os traeré una historia que tenía pendiente contar desde hace mucho tiempo, pero que por diferentes motivos nunca me animaba a escribir.

Si en esta ocasión me he sentado frente al teclado es porque el eZcritor quiere que la gente le cuente experiencias extrañas de su vida y posiblemente esta sea la más llamativa que podría narrar. Así que de esta manera mataré dos pájaros de un tiro y así la podréis conocer todos.

En una urbanización de chalets situada cerca de la sierra de Madrid hay una casa de unos familiares mios. Es una vivienda que se usa para pasar las vacaciones y días festivos, ideal para alejarse de la urbe y desconectar del mundanal ruido. 

En esa casa hay una habitación que destaca por encima de las demás. Es un cuarto en el que ocurren cosas. Cosas de esas que uno solo cree posible ver en películas de terror. Es un lugar en donde se te pone a prueba, se mide tu aguante y tu valor y cambia tu percepción del mundo si consigues pasar dentro el tiempo suficiente para ver y escuchar lo que claramente no debería de estar ocurriendo allí.

Era el verano del año 2003. Tenía 18 años y después de dejar un trabajo por el que no me pagaban, mis padres me recomendaron ir con ellos a casa de mis familiares, los cuales les habían dejado las llaves de la misma para que pudieran desconectar durante un par de semanas. Me pareció buena idea, yo también necesitaba despejar la cabeza un poco y ya puestos le ofrecí a un amigo que viniera conmigo.

Pero mi madre me advirtió: "Tendréis que dormir en ESA habitación, y sabes lo que dice la familia sobre lo que ocurre ahí. Sabes las historias que se cuentan, y créeme, que yo he vivido alguna de ellas. Si vienes, tú sabrás si quieres decirle a tu amigo lo que os encontraréis."

Yo que siempre me las he dado de ser exageradamente racional, esas advertencias me las tomé a coña. Claro que había escuchado relatos sobre golpes en mitad de la noche, puertas y ventanas abriéndose y voces terroríficas que acosaban a los inquilinos, pero las consideraba simplemente cuentos para niños. Por ello no le dije absolutamente nada a mi amigo cuando le ofrecí que me acompañara.

Y tras las horas que siguieron tras el viaje y llegar allí, todo transcurrió con normalidad. Hasta llegar la noche.

La habitación se componía únicamente de dos camas individuales separadas entre sí por una mesilla de noche. También había un armario empotrado con pertenencias de los dueños y una ventana que daba a la parte trasera de la parcela del chalet. Todo muy sencillo y aparentemente normal.

Esa noche nos acostamos temprano pues estábamos cansados del viaje. Durante varios minutos estuvimos charlando sobre banalidades varias hasta que la propia conversación se extinguió sola. Mi amigo se había quedado dormido y eran las once de la noche. Cerré los ojos, me giré hacia la pared dando la espalda a mi colega y esperé a que me entrara el sueño... y la escuché.

Había una respiración entrecortada, jadeante y débil justo encima mía. Se sentía a apenas unos 30 centímetros. Y abrí los ojos.

Me giré y miré al techo. Allí no había nada. Comprobé con la vista que la puerta de la habitación y la ventana estaban cerradas. No había sido la corriente, de hecho el ambiente se notaba cargado, como si el aire "pesara". Vi que mi amigo estaba durmiendo en la otra cama, enrollado con las sábanas y dándome la espalda.

"Mierda, debía de estar a punto de dormirme y se me habrá mezclado algún sueño con la realidad" pensé. Por lo que volví a adoptar la misma postura y a cerrar los ojos... y la noté.

Un aliento intermitente estaba recorriendo mi brazo dirección a mi cuello. Y me moví bruscamente para evitar esa terrible sensación, pero con eso lo que conseguí es que se cabreara.

Una mezcla entre gritos y risas estallaron en la habitación. Era el mismo sonido que haría una vieja de 90 años que hubiera fumado tres cajetillas de tabaco diarias desde los 14. La voz cascada y decrépita venía desde el centro de la habitación y por muy alto que estuviese gritando yo sabía que era el único que la estaba escuchando, porque ella así lo quería. El estridente sonido se escuchaba como si estuviera atravesando algún tipo de túnel o barrera que lo hacía resonar de manera extraña, como si viniera de una especie de portal que lo hacía sonar como si se estuviese emitiendo desde el lugar más alejado del mundo, pero sin perder la fuerza e intensidad suficiente como para no poder escuchar ni mis propios pensamientos.

En ese momento yo me congelé. Aterrado, no fui capaz de moverme. No me atrevía a emitir ningún sonido por miedo a que esa entidad hiciera algo más que gritar y reírse a partes iguales.

Durante largo tiempo, esa siniestra carcajada siguió sonando casi ininterrumpidamente y cuando poco a poco fui tapándome con la sábana -en un estúpido e instintivo acto de falsa protección- ésta empezó a acercarse.

Volvió a colocarse sobre mí y ese sonido que lo hacía tan extraño -como si resonara desde otro lugar- empezó a desaparecer. Me sentía como si mi propio ser estuviera empezando a introducirse en el túnel desde el que provenía la voz, por lo que continué subiendo la sábana para intentar tapar mi cabeza... y se acercó aún más.

Las pocas fuerzas que tenía para arrastrar las sábanas desaparecieron cuando la noté a apenas cinco centímetros de mi cara. Toda mi voluntad se centró en una única misión; no abrir los ojos. No me sentía capaz de afrontar lo que pudiera encontrarme, pero estaba ahí, seguía en la misma posición pero gradualmente empezó a bajar la intensidad y volumen de sus risas y cuando era poco más que un susurró comenzó a sollozar, hecho que me hizo sentir un terror mayor que el de antes.

Cuando conseguí concentrarme un poco intenté agudizar el oído y noté que entre sus sollozos había lamentos, había palabras que no era capaz de comprender o traducir. Y en el momento en el que estaba más atento a su manifestación, cuando creía que podía entender algo, volvió a gritar con más fuerza y a reir como una histérica consiguiendo que notara como mi corazón se quería salir de mi pecho. Es como si lo hubiera hecho aposta, como si supiera cuando me iba a concentrar en escucharla para volver a chillar.

Todo el bello de mi cuerpo estaba de punta, con tanta intensidad que dolía al mismo tiempo que notaba escalofríos. 

Ese ser siguió desplazándose a mi alrededor y en varias ocasiones intercalaba los sollozos con los gritos y las risas. En un momento dado empezaron a sumarse otros sonidos de difícil identificación, tales como objetos cayéndose, golpes y crujidos de cosas que evidentemente no había en la habitación.

Sumado a toda esta retahíla de sensaciones ocurrió que me empezaron a entrar unas ganas bestiales de mear. Fue tan grande la necesidad de orinar que pude girarme y entreabrir los ojos para mirar hacia mi amigo. Él seguía en la misma posición. 

En ese momento recordé que mi padre se levantaba absolutamente todas las noches para ir al baño también y concentré mi vista en el resquicio de la puerta, la cual estaba enfrentada con la del aseo. Si mi padre iba allí y encendía la luz, yo lo vería a través del marco. Rogué en mi interior porque se iluminará las rendijas de la puerta para poder ir corriendo y encontrarme con mi padre, explicarle lo que me estaba pasando y quedarme con él. Ese pensamiento me dio el valor que necesitaba para que mis músculos reaccionaran llegado el momento.

La voz siguió recorriendo mi situación pero mi concentración en no mearme encima consiguió que la dejará de prestar tanta atención y ocurrió, la luz se encendió.

Saltando como si tuviera un resorte en el culo, salí disparado de la cama y abrí la puerta de la habitación. Y encontré enfrente el baño encendido, abierto y vacío. Mi padre no había estado allí.

Un nuevo terror me inundó, pero mi necesidad de vaciar la vejiga fue levemente superior, por lo que entré en el aseo y eché la meada más larga del mundo. Mientras, nervioso recorría con mi mirada todo el baño, pues la sensación de que no estaba sólo me había acompañado hasta aquí cuando vi un reloj de pulsera en la repisa del lavabo. ¡Eran las 6:30 de la mañana! Llevaba más de siete horas sufriendo el terror más grande que jamás había vivido.

Cuando salí del baño todo había cambiado. Lo noté en el ambiente. Me asomé a la habitación y comprendí que aquello que me había acompañado durante la noche ya no estaba ahí. El aire se me hizo liviano y agradable y no había ningún sonido extraño.

No sé porqué, pero decidí volver a la cama. Me tumbé y entonces como si se tratara de una losa de piedra, el cansancio me aplastó y quedé dormido ipso facto.

Cuatro horas más tarde mi madre nos despertó a mi amigo y a mí para que desayunáramos. Mientras tomábamos un café, sin cruzar ninguna palabra, empecé a reflexionar. Todo lo ocurrido se veía tan irreal, pero al mismo tiempo tan aterrador que el cuerpo aún lo sentía resentido por la constante tensión. En mis pensamientos intenté racionalizarlo y justificarlo de alguna manera, pensando que tal vez había vivido el sueño más real de la historia cuando mi amigo me interrumpió y me dijo:

"No te rías por lo que voy a decirte, pero quiero volver a casa. He pasado la peor noche de mi vida en esa habitación mientras tú dormías. Algo, no sé el qué, me ha estado susurrando toda la noche y acariciándome".


En este punto os recordaré que mi amigo jamás supo las historias paranormales que se contaban de esa habitación por lo que él jamás tuvo la oportunidad de autosugestionarse. Él vivió una experiencia similar a la mía sin que mediáramos palabra y esto consiguió que entendiera que mi parte racional casi omite y modifica los hechos que viví para no aceptar la dura y aterradora realidad; que hay algo ahí.


Y hasta aquí la historia REAL que os quería contar hoy.

11 comentarios:

  1. Cuando la compre el dueño me dijo q vivia su suegra ya fallecida.todo sigue igual.risas histericas,gritos desgarradores,y susurros.todos los perros q he tenido se han negado a entrar ahi

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  2. Aun sigue habiendo en una repisa d la habitacion pequeñas figuritas q pertenecian a la dueña y q nose xq nunca las he tirado.talvez deberia hacerlo pero algo me lo impide

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    1. No las tires, si al fin y al cabo el ente ya es como de la familia jaja

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  3. Pero esto es cierto? Parece que al fin y al cabo el residuo de la vieja no puede seleccionar quien la oye, la oye quien sea esté en la habitación y tenga cierta sensibilidad a estas cosas, supongo, y puede ampliar su radio hasta por lo menos el baño y existe cierta influencia sobre el interruptor del aseo. Pero no creo que pueda tocar nada ni nadie que ella no hubiese manipulado en vida. Yo me creo estas cosas más o menos porque mi padre, del que me fio, me contó una vez algo parecido. Se trataba de un tío en un piso viejo del barrio de gracia en bcn, y parecía que se miraban mutuamente. Mi padre estaba en la cama, y al alargar un pie para tocarlo se desvaneció. Échale mano!
    Con sólo leer esto tuyo se me ha puesto la piel de gallina tb! No sé como reaccionaría ante algo así...

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    1. Es 100% real amigo. No cuento las historias que se dicen de esa habitación porque yo no las viví y no puedo asegurar su veracidad, pero lo que me ocurrió a mí es completamente cierto.

      El comentario publicado por "anonimo" es mi tia y propietaria de la casa. Lee lo que dice al respecto.

      Gracias por comentar!

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  4. Simplemente hay gente sensitiva y gente q no lo es.solo es eso

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  5. Qué miedo, SAeNcSA. En mi antigua casa pasaban algunas cosas raras, pero nunca a este nivel, y menos mal porque madre mía menudo testimonio: no creo mucho en estas cosas y no siento ninguna tendencia al miedo a los fantasmas ni cosas así, pero en el mundo se ha visto de todo y, si alguien me dice sinceramente que ha vivido algo así, hoy en día me lo creo.

    Yo al igual que tú presumía de ser muy racional, pero durante los seis años que viví allí, mi madre y mi hermana de vez en cuando contaban, medio en susurros, quizá con vergüenza de que las tomara por locas, que habían visto "cosas raras". Algo alto, muy alto, que nunca llegaban a ver con claridad a través el rabillo del ojo. Incluso dos amigas de mi hermana dijeron que notaban "algo raro", como una presencia. Mascotas que se quedan mirando hacia la ventana, siempre la misma, sin que haya nada ahí... Yo nunca sentí nada de nada.

    Pero el día que me iba a ir de allí definitivamente para mudarme a mi actual casa, estaba peinándome frente al espejo pocos minutos antes de irme, sin acordarme remotamente de esto (Que ya hacía muchísimo tiempo que nadie comentaba), y lo vi pasar claramente por detrás de mi, gracias al espejo. Me quedé de piedra. Pasó corriendo y salió por la ventana que había al otro lado, tal cual entró.

    No tengo ni idea de qué fue eso, pero el recuerdo me pone los pelos de punta. Ni comparación a lo que teníais en esa casa, eso sí (¡menos mal!). Historia inquietante y, debo decirte, muy bien narrada también.

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    1. De todas las experiencias sobrenaturales, ésta es la que peor me lo ha hecho pasar. Jamás he tenido tanto miedo como esa noche. Pero vamos, al menos no era mi casa. No como en la tuya, que teníais a Pau Gasol rondando xD

      Esta historia merece la pena contarla en persona. Cuando lo he hecho, rodeado por un círculo de gente en mitad de la noche, con la chimenea de fondo, se escuchaba como las personas tragaban saliva de la tensión que tenían. xDD

      Me alegra mucho que te guste como está narrada!! ^^

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  6. Dios tío, yo me meo encima. A mi me han contado historias como ésta pero por suerte no las he vivido yo... pero dan un mal rollo que flipas.

    Llamad a Iker Jiménez, que lleve a la Paloma Navarrete esa y que os diga si la señora esa está loca o qué.

    Lo que más me raya es que tu amigo dice que tu dormías. ¿Estabas sentado o tumbado cuando estabas envuelto con la sábana? Yo te imaginaba sentado pero veo que ambos estaríais tumbados su friéndola en silencio.

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    1. Exacto, ambos estabamos tumbados. Los dos de espalda hacia el otro. Imagino que en algún momento de valor mi colega miraría y me vería tumbado de espaldas y pensaría que yo estaba durmiendo. Exactamente igual que lo que me pasaba a mí xDD

      La coña es lo que pasó en días venideros, porqué hicimos una promesa y aguantamos en la habitación todas las noches. Pero eso, tal vez, lo cuente en otro momento :P

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    2. Cuenta....cuenta....la habitacion sigue aqui esperandote....

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