miércoles, 22 de octubre de 2014

Historias de un Vigilante de Seguridad II


Hace unas semanas me dio por contaros una batallita de las muchas que me han ocurrido a lo largo de mis once años trabajando en el mundo de la seguridad privada. Tenía pensado contar más y eso voy a hacer, pero tengo que mencionar que me ha llamado la atención la cantidad de visitas que recibió esa entrada en particular en relación a las que suelen recibir el resto como media.


Dicho esto, os traigo una historia completamente verídica de algo que me ocurrió en un lejano pasado. Es un pelín larga, por lo que he estructurado la anécdota en capítulos para hacerla algo menos densa. Espero que os resulte como poco entretenida.


CAPÍTULO 1.

Era mi primer día de trabajo en el centro comercial más grande de Europa hará como unos 10 años. Un servicio marronero como os podéis imaginar. La distribución de los puestos de vigilancia del interior del C.C. se componía de dos V.S. en la zona comercial y uno en la zona de Restauración y ocio -que era precisamente donde me tocaba a mí-. Excepto en caso de incidencia, ninguno podíamos abandonar nuestros puestos como es lógico.

En aquella época yo tenía 19 años y había una característica mía que a todo el mundo le llamaba la atención; tenía el pelo largo recogido en una coleta.

La cosa es que como os decía, era mi primer día en ese servicio y ya me habían presentado al responsable de seguridad por parte de la empresa al que denominábamos J.S. -era un buen tipo sin duda-. Pero aún no conocía al Director de Seguridad del C.C., el cual era un hombre al borde de la jubilación y excomisario de policía.

Era por la mañana y estaba de ronda por mi zona, cuando veo a lo lejos que el J.S. salía de una cafetería junto a un hombre mayor. Se subieron a unas escaleras mecánicas y este señor entonces me vio aparecer; se quedó desencajado, saliéndosele los ojos de las cuencas y mirándome con un profundo rechazo. Ahí supuse que ese hombre sería el Director de Seguridad y ya me imaginaba lo que vendría a continuación.

Como sospechaba, J.S. me llamó a su despacho. El hombre me dijo intentando no ofenderme, que el Director de Seguridad desaprobaba mi pelo largo, que sabía que legalmente podía ir como quisiera, pero que él era quien pagaba y que si no me comprometía a cortarme el pelo, ese sería mi primer y último día de trabajo en el C.C. Mi respuesta fue contundente; la empresa me había contratado sabiendo las dimensiones de mi pelo y no me lo iba a cortar y que además, poco me importaba que me echasen de un servicio tan peligroso como aquel. Le dije que había sido un placer conocerle y volví a mis quehaceres.

CAPÍTULO 2.

Esa misma tarde, seguía yo de ronda cuando escuché a una mujer gritar. Me volteé y vi a lo lejos a una señora sentada en el suelo y a un hombre corriendo con un bolso en la mano. Esprinté hasta dónde se encontraba la mujer, comprobé que se encontraba bien y retomé la carrera en la dirección hacia donde se había marchado el ladrón.

El hombre me llevaba mucha ventaja y salió del C.C. Por suerte yo no le perdí de vista y corrí detrás de él recuperando distancia hasta que finalmente le atrapé y engrilleté en una gasolinera a casi 1 kilómetro del C.C. He de reconocer que yo estaba hecho mierda, pero a él le había sentado mucho peor la carrera.

Entonces para mi sorpresa, apareció un taxi y de él se bajó J.S. el cual me ayudó a llevar al ladrón al cuarto de intervenciones del C.C. Llegó la Guardia Civil, comprobó que el individuo era un inmigrante ilegal con una orden de extradición vencida y se lo llevó detenido. Se recuperó el bolso de la mujer con todo su contenido intacto.

CAPÍTULO 3.

Paralelamente a mi experiencia, ocurrió una serie de casualidades dignas de un telefilm.

Cuando la mujer gritó en el C.C., resulta que J.S. y el Director de Seguridad andaban cerca tomándose un café y vieron lo que ocurrió. Pero no solo vieron eso. También se percataron que de otra cafetería diferente salían otros dos V.S. -eran los que debían de estar en la zona comercial, por lo que se entiende que estaban escaqueándose- y para colmo, cuándo éstos me vieron correr detrás del ladrón, ellos volvieron a meterse dentro de la cafetería para desentenderse de la incidencia. El J.S. sí vino corriendo detrás de mí para darme apoyo y cuando salió del C.C. vio un taxi parado en la puerta, se montó y dijo esa frase tan repetida en todas las películas de acción; "siga a esos individuos".

EPÍLOGO

Una vez que la Guardia Civil se marchó con el ladrón, se acercó a mí el Director de Seguridad -con el cual aún no había hablado en todo el día-, extendió la mano para estrecharme la mía y me dijo "Me llamo *****, soy el Director de Seguridad y es un honor para mí tener a alguien como usted en el equipo".

El Director de Seguridad, a su avanzada edad, aprendió ese día una lección; hay que valorar la profesionalidad y los resultados por encima de los prejuicios. Lo que nunca se hubiera imaginado es que yo, después de saber que estaba despedido, me iba a dejar la piel por sacar adelante el trabajo y que precisamente los V.S. que estaban bien vistos se iban a escaquear y me iban a dejar vendido. Respecto a esos dos V.S., ya os podéis imaginar donde terminaron acabando.

Desde ese día y durante el año que estuve trabajando allí, el Director de Seguridad y los diferentes J.S. que hubo me trataron siempre con un respeto y compañerismo ejemplar. Por supuesto, yo siempre seguí dando el 100% de mí en el trabajo.

6 comentarios:

  1. Otro ejemplo más de lo poco que se valora por culpa de los prejuicios. Pues estabas en forma para meterte esa distancia a toda pastilla, me has recordado al Agente J en Men in Black xDD

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    1. Creeme, acabé hecho mierda xDDD Ahora, que con 19 años uno tiene más fondo. Me toca echarme esa carrera ahora y tienen que llamarme a una ambulancia jaja

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  2. Felicidades amigo SAeNcSa , muy buena intervención, ojala hubieran mas profesionales como tu.

    saludos
    josepmarti

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  3. ¡Muy buena anécdota!
    Yo aún sigo con la colega y no me extrañaría que a más de un cliente engominado no le sentase bien, pero como dices, al final el tiempo te otorga lo que merece el trabajo que has ido sembrando por encima de todo.

    P. D: Queremos más historias. Un saludo.

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    1. Aguanta esa coleta, que cada vez se ven menos jejeje

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  4. Profesional cien por cien. No como otros vigis que aprovechan su tiempo de trabajo para leer y ver películas. Qué verguenza!! Jeje. Gran blog y gran historia!!

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